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Los imposibles sueños de un señor muy de derechas

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Personajes

Juan López:

Protagonista en torno al cual gira la novela de Fernando Vicaíno Casas. Nació en León el 18 de julio de 1917. Hijo de un boticario y de una cupletista, e ingeniero de titulación, lleva 15 años jubilado como funcionario del Ministerio de Obras Públicas. Antes de enviudar, se traslada de Madrid a Valladolid, donde su único hijo ejerce como médico. Se reconoce conservador, nostálgico del franquismo y crítico de la sociedad actual, de quien dice ha perdido los buenos valores que tenía y ha caído en decadencia con la llegada de las nuevas generaciones. Como hombre de derechas que es, el triunfo electoral de los socialistas, en el 82, le provoca crispación, y, sumado a ello, la “zafiedad y la obscenidad que imperaban en la antigua Villa y Corte” le empujan a abandonar la capital del Estado para irse a vivir con su hijo, su nuera y sus nietos.

Hombre de costumbres, todas las tardes, terminada la siesta, y pese a que sufre del corazón, prepara su ración diaria de 12 cigarrillos y tres farias para la sobremesa, la tertulia en el Círculo y para después de la cena. El Círculo es el lugar habitual de reunión, en el que Juan y sus amigos se juntan para mantener una tertulia de dos horas sobre todos los temas que acontecen en la sociedad actual.

Juan Antonio López: Hijo de Juan, médico de profesión, especializado en ginecología, ronda los cincuenta años y atraviesa una pequeña crisis de cuestionamiento personal. Piensa que ya es viejo, y que sus facultades sexuales ya no se parecen en nada a las de aquél chaval que gozaba de una infatigable actividad sexual. Ha perdido la ilusión, convirtiendo en rutina doméstica el placer que le cautivó. Se autoconvence de que debe probarse a sí mismo y constatar si todavía mantiene la fama de seductor que tenía treinta años atrás. Después de 25 años, sigue amando a su mujer sin duda alguna, y siempre le ha sido fiel, hasta que le ha llegado esa obsesión por los cincuenta años tan cercanos, y empieza a plantearse la necesidad de apurar el poco tiempo que cree que le resta para volver a disfrutar sin limitación de los placeres de su agitad juventud.

Nuria: Esposa de Juan Antonio y nuera de Juan, fue la única enfermera que no sucumbió a los encantos del doctor, lo que hizo que éste se encaprichara con ella y abandonase la vida de soltero para terminar pasando por el altar. Madre liberal y comprensiva, al menos, de mente abierta, comprende la evolución de la sociedad, los cambios en el proceder de las nuevas generaciones y las necesidades de libertades que exigen sus hijos. Esposa comprensiva, siente preocupación por el distanciamiento de su marido y, pese a que no duda de su amor, se pregunta cómo podría ayudarle en lo que quiera que esté pasando.

Eduardo López: Hijo y nieto de “juanes”, tiene veinte años, es soltero y ha heredado la fama de seductor de su padre. Es listo, simpático y, pese a que nunca ha sido buen estudiante, es muy trabajador. Nunca le tiraron los estudios, así que hizo el BUP y el COU por dignidad y, aunque se empeñó en comenzar Medicina, por aquello de la tradición familiar, abandonó la carrera antes de acabar el primer curso, convencido de que aquel mundo no iba con él.

Sin embargo, ha resultado tener un especial interés por la informática, que es lo que estudia, y de la que se está aprovechando notablemente. Tanto, que incluso ya gana dinero elaborando programas para ordenadores y bancos de datos. Tiene muy buena relación con su abuelo, quien le adora y admira, quien se convertirá en su confidente y a quien acudirá cuando necesite de algún tipo de favor.

Marta y Belén López: Hermanas de diecisiete y quince años, respectivamente. Belén es una chica alegre y sin más preocupaciones que jugar con el ‘tamagochi’, acudir a los conciertos de Michael Jackson o las Spice Girls o ir al Santiago Bernabéu para ver jugar a su equipo, el Real Madrid. Por su parte, Marta ya está en plena adolescencia y, como tal, sus preocupaciones son otras; la moda, los chicos y los estudios. Ha decido estudiar medicina, como su padre.

Análisis sociológico

La historia arranca con las ensoñaciones de Juan, quien duerme recordando el fallido intento de golpe de Estado ocurrido el 23 de febrero de 1981 en el Congreso de los Diputados, comandado por el teniente coronel Antonio Tejero. Una escena que el viejo alférez recuerda con felicidad, y que sirve como punto de arranque para presentar la historia de un hombre que ve, a las puertas de un nuevo milenio, cómo la sociedad ha evolucionado, España ha abandonado las ideas y cadenas del franquismo y los jóvenes han experimentado una libertad (que él llega a considerar libertinaje) en todos los aspectos de la vida.

En ‘Los imposibles sueños de un señor muy de derechas’, la trama gira en torno a la familia, las relaciones entre la misma y la forma de proceder de cada uno de sus miembros. Y es que, la familia, la más universal de las instituciones sociales y fuente de las primeras y más poderosas influencias a las que están expuestas las personas en todas las sociedades, es pilar central de toda sociedad, siendo la unidad básica de organización social.

En casi todas las familias, se pueden apreciar los mismos valores familiares, y en la de los López, por supuesto, también. Ya en el matrimonio entre Juan y Elena, su difunta esposa, se observaba la necesidad de compartir un proyecto de vida de tiempo, de gratitud existencial, de lealtad, pues, primero Juan, y luego su hijo Juan Antonio, siempre respetaron a sus mujeres una vez se hubieron casado, a pesar de que nunca les faltó oportunidad de faltar al matrimonio (que consideraban institución sacramental y sagrada). Además, consideraban que el apoyo de estabilidad, la ilusión de un futuro controlado o la prolongación el tiempo por medio de la sucesión generacional, pues en el libro se habla de hasta cuatro generaciones, constituyen, también, valores familiares.

En muchas culturas el parentesco extenso aún es de vital importancia para muchos aspectos de la vida social y da sentido del deber, honra y obligaciones. Precisamente, el sentido del deber y de la honra, Quedan patentes en la conversación que mantienen Juan y su nieto Eduardo, cuando el primero le advierte al segundo de que le queda poco para tener que realizar la ‘mili’, a lo que el nieto responde que seguramente se declarará objetor de conciencia, provocando la indignación del abuelo, quien le recrimina “¡Pero qué majadería es esa! ¡Tú, nieto de un alférez provisional con la medalla militar colectiva, nieto de marino, hijo de un alférez de las milicias universitarias! ¡Estás loco! ¿Y el honor de servir a tu patria? Los jóvenes de ahora ya no amáis a España…Sólo hay una forma de quererla; Ya lo dijo Cánovas: con la patria se ésta, con razón o sin razón, en todas las ocasiones y en todos los momentos de la vida, como se está con el padre, con la madre, con la familia.”

Uno de los aspectos que se observa a lo largo de toda la novela, es la condición cambiante de todas las sociedades. La sociedad cambia dramáticamente y las experiencias de la vida familiar también. Los cambios indican que la familia se adapta a los nuevos tiempos y con ello revela una gran flexibilidad. Hay cambios en el estatus de las mujeres, en el estatus de los hijos, en el rol de los hombres, las formas familiares, en el rol de la familia, cambios demográficos, morales y sociales, los códigos sexuales, en la ideología, política y legislación, cambios médicos y tecnológicos…  En el libro, todos estos cambios impregnan la trama, es más, vertebran todos y cada uno de los acontecimientos que en el mismo se narran.

Juan comenta que, en su época, tras la guerra civil, las mujeres de la Sección Femenina hicieron una gran labor sanitaria y educativa los pueblos, entonces muy atrasados. Cumplían así de servicio social, una especie de servicio militar para mujeres.

En un momento dado de la novela, Juan observa la televisión, atento a una tertulia sobre la homosexualidad, que termina derivando en una oda a la libertad de la mujer, cuando una tertuliana recrimina a otro ser un fanático machista, alegando que “muchos, en este país, siguen aferrados a los hábitos inquisitoriales de la dictadura, en donde muchos hombres aspiraban a dejar en casa a la mujer, con la pata quebrada, para irse de juerga con los amigotes y después protestar, a la vuelta, si la sopa esta fría.” La tertulia sobre la homosexualidad, termina derivando en otra sobre el machismo, porque uno de los tertulianos es un sacerdote, quien afirma que el hecho de que los homosexuales se casen es una barbaridad, pues “el fin primordial del matrimonio consiste en la procreación, y está claro que parejas del mismo sexo no pueden alcanzarla”. Esta afirmación provoca la ira de otra de las tertulianas, quien se queja de que “eso de que las mujeres deben parir por narices constituye una secuela histórica del machismo, que siempre relegó a la esposa a funciones secundarias; que la considera como una chacha gratuita, que han vejado a las mujeres, las han menospreciado y, según ellos, solamente valen para traer hijos y prepararles las comidas”.

Esta resulta, sin duda, una perspectiva feminista, la cual defiende que la familia no es una cooperativa de amor e intereses compartidos, sino que los hombres obtienen mayores beneficios de la vida familiar que las mujeres y que a menudo existe una explotación del trabajo femenino en el hogar. La familia, entonces, sería la institución que produce y refuerza las desigualdades entre hombres y mujeres. No es el caso de Nuria, mujer de Juan Antonio, quien es enferma de profesión y como tal ejerce en un hospital, compaginando perfectamente la vida laboral con la familiar.

Igualmente, las feministas sostienen que ciertas interpretaciones de la biología femenina se han usado para justificar su subordinación y excluir así a las mujeres de ciertas áreas de la sociedad, tales como hablar del hombre como “cabeza de familia” y hacer de la mujer una “ama de casa y cuidadora de los hijos”. Así, sociólogos como Talcott Parsons, afirman el rol de la mujer en la familia es algo expresivo que proporciona seguridad, afecto y apoyo emocional al marido. También, John Bolwlby concluyó que el niño necesita del afecto, intimidad y relación continua con su madre.

En cuanto al estatus de los hijos, también se observan cambios. Si en la Europa pre moderna los niños trabajaban desde los siete u ocho años ayudando a sus padres con las labores agrícolas o ganaderas, y la disciplina familiar estaba basada en la estricta autoridad de los padres sobre los hijos (considerada excesivamente dura para las normas actuales), hoy en día, los hijos no empiezan a trabajar hasta, como mínimo, los dieciséis años, y la relación con los padres es más abierta, más cercana, siendo la confianza mayor, como queda reflejado en un momento de la novela, cuando Nuria le pregunta a su marido si se ha acordado de traer los preservativo para su hija Marta, que les ha dicho que se iba a marchar de fin de semana con su novio. Este hecho provoca nerviosismo e indignación en Juan, quien recuerda que, en su época, “la decencia, la moral cristiana y los principios de toda mujer honrada” se preservaban (y nunca mejor dicho) por encima de todas las cosas. Es más, recuerda que “en ninguna botica decente podían comprarse condones, pues a sus dueños se les habría caído la cara de vergüenza y sus amistades les hubieran retirado el saludo.

 Siguiendo con los códigos sexuales, Juan evoca el momento en el que conoció a la que, a la postre, terminaría siendo su esposa, Elena. No le fue fácil ni rápido conseguir que sus padres accedieran al noviazgo, pues los estrictos códigos morales dejaban poco o nada de espacio para la libertad de acción. Tuvo que acudir varios días y semanas a casa de sus padres para ganarse su confianza, estaban los enamorados vigilados en todo momento por una carabina, persona de confianza de los padres de ella, quien les acompañaba incluso al cine, velando por la pureza de los novios, que debían llegar intactos al matrimonio. De hecho, el primer beso no se produjo hasta transcurridos siete meses de relación. De ahí que le chocase tanto a Juan la forma de proceder de los jóvenes del presente.

En este aspecto, cabe señalar que la sexualidad se ha separado de la reproducción y se ha convertido en una dimensión vital que cada individuo debe explorar y conformar. La sexualidad está marcada por la sociedad en la que vivimos y por la tecnología disponible en esa sociedad. Así, el perfeccionamiento de los métodos anticonceptivos ha modificado esta situación de forma fundamental, facilitando que hombres y mujeres decidan si quieren tener hijos y cuándo es el mejor momento de tenerlos.

Durante cerca de dos mil años, el cristianismo modeló de manera determinante las actitudes occidentales hacia el comportamiento sexual. La virginidad y la castidad se consideran valores morales. En otras épocas, muchas personas hicieron oídos sordos a las enseñanzas de la Iglesia o reaccionaban contra ella mediante prácticas prohibidas por las autoridades religiosas, como el adulterio.

Además, según la moralidad de la época, las mujeres debían ser estrictamente virtuosas mientras los hombres eran libertinos y muchos visitaban regularmente los burdeles. Pese a ser práctica habitual de la época, en el Círculo, lugar de reunión de Juan y sus amigos, en el que se debatía todo tipo de noticas que concerniesen a la actualidad española, se criticaban y censuraban los anuncios eróticos que aparecían en la prensa escrita, calificándolos de “bochornoso e intolerable”. Entre ellos, comentan que, en su época, las prostitutas eran “muy buenas chicas. Y muy cristianas, que se santiguaban antes de desnudarse, eran generosas y comprensivas con los estudiantes y su precaria situación económica, pasaban revisiones médicas y cuyo estado se anotaba en una cartilla e iban a misa todos los domingos a misa de ocho”.

Precisamente, no eran pocos los hombres de la época en apariencia maridos ejemplares que frecuentaban prostíbulos o tenían amantes, creando distinta vara de medir para las actitudes y comportamientos sexuales de hombres y mujeres.

En cuanto a los cambios morales, sociales o tecnológicos, a Juan le choca, también, que su nieto Eduardo, de veinte años, soltero y sin acabar los estudios, disponga ya de vehículo propio. El octogenario abuelo recuerda que se compró su primer coche a los treinta y cuatro años, llevaba casado más de tres, era ingeniero por oposición del Ministerio de Obras Públicas y tuvo que pedir un préstamo. Por aquél entonces, tener vehículo propio resultaba un lujo al alcance de muy pocos, pues costaba sesenta mil de las antiguas pesetas. Compró un SEAT 600, que estuvo en su poder durante siete años y con más de 200 000 km recorridos. Además, señala que este vehículo se convirtió en todo un símbolo del país, en un emblema del progreso material de los españoles, que ya no tenían que envidiar al resto de Europa, e incluso las mujeres, aunque pocas, se dieron prisa en aprender a conducir.

Por otro lado, en la novela (recordemos que está ambientada en la década de los 90) se trata el tema de Internet, de la novedad que supone esta tecnología y de lo útil (o no) que puede resultar para casi todos. Al menos, no para Juan, quien reta a su nieto Eduardo a que le muestre las supuestas maravillas de este medio y cuán útil realmente es. Esto no convence al anciano, quien dice que seguirá usando la enciclopedia “de toda la vida”.

Como la mayor parte de la población de su época, Juan es un hombre creyente y, desde luego, también practicante. Cumplía sus obligaciones religiosas, marcaba la equis a favor de la Iglesia católica en la declaración de la renta y se confesaba una vez al mes.

La religión interviene en la vestimenta, los hábitos alimentarios, las costumbres matrimoniales, los tipos de escuelas, los hospitales, así como en actitudes hacia cuestiones morales. La religión es una forma de cultura que implica creencias que toman la forma de rituales. Para Juan y otros creyentes como él, lo principal, tal vez, es que la religión proporciona un sentido de propósito, el sentimiento de que, en el fondo, la vida tiene sentido. El hecho de que Juan marcase la casilla en favor de la Iglesia, demuestra la fuente de solidaridad que es la religión, que se encuentra, además, entre las instituciones más importantes de una sociedad. Las religiones proporcionan a los creyentes un conjunto de normas y valores comunes.

Un tema que está muy presente a lo largo de toda la novela es la política.

Juan, es un hombre de derechas, y veía con inquietud como su único hijo, al igual que otros muchachos de su edad, “se había descarriado ideológicamente”, pese a que la formación que procuró inculcarle no justificaba en absoluto semejante viraje hacia la izquierda.

El patriarca de los López hizo la guerra como alférez provisional y, se apasionó tanto con la doctrina de José Antonio Primo de Rivera, que no dudó en bautizar así a su hijo. “Pese a entender que Franco se alejaba cada vez más del ideal falangista” lo aceptó y reconoció que “salió bien de los difíciles años cuarenta, cuando el mundo entero se le puso en contra”. Terminó convertido en franquista entusiasta, aunque reconocía los errores del régimen. Y, con los años, redujo sus ideales a los que compartían la mayoría de los españoles de su generación. Aumentar el nivel de vida, prosperidad económica, y gozar de paz y tranquilidad. “Recibió con esperanza y apoyó al Rey Juan Carlos, pues así lo pidió Franco en su testamento”. Llegó a creer en la democracia, pero se desencantó por cosas como la legalización del Partido Comunista, el creciente separatismo, los asesinatos de ETA o las actuaciones del gobierno de Felipe González. Su mujer llegó a decirle: “Somos de otra época, Juan. Lo pasado, pasado está. Y es natural que nuestro hijo piense de forma muy distinta a nosotros”. Por otro lado, durante una de las tertulias del Círculo, uno de los miembros, que llegaba desde América y al que preguntaron cómo había encontrado España, llegó a decir que la notaba viva, con afán de crecimiento, y con una alegría en la juventud que resulta admirable. Y alaba la transición de España hacia la democracia, que dice “sigue siendo causa de general admiración y unánime elogio”. Terminaría Juan, sentenciándole, con una frase lapidaria: “No cambiará usted nunca, Gelmírez. Izquierdoso hasta la tumba…”.

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